En el corazón más virgen de Menorca, donde el silencio solo lo alteran las aves, se esconde esta joya de arquitectura tradicional del año 1800, cuidadosamente restaurada.
Rodeada de 25.000 m² de terreno natural, esta finca rústica ofrece lo que muy pocos pueden: acceso directo desde tu propia tierra a una playa cercana, a través de un sendero que cruza un paisaje intacto.
La vivienda conserva su esencia original: muros de piedra encalada, techos con vigas vistas y una atmósfera casi monástica que invita a la contemplación. Se alimenta del sol mediante placas fotovoltaicas y del agua recogida en su aljibe, demostrando que la sostenibilidad no está reñida con la belleza.
Gracias a la humedad constante de sus pozos naturales, este lugar se convierte también en un santuario ideal para el cultivo ecológico y la autosuficiencia.
Aquí no hay vecinos, ni ruidos, ni prisas. Solo el rumor de las hojas, la roca viva y el cielo.
Una propiedad única para quienes buscan lo auténtico, lo intacto, lo esencial.
Rodeada de 25.000 m² de terreno natural, esta finca rústica ofrece lo que muy pocos pueden: acceso directo desde tu propia tierra a una playa cercana, a través de un sendero que cruza un paisaje intacto.
La vivienda conserva su esencia original: muros de piedra encalada, techos con vigas vistas y una atmósfera casi monástica que invita a la contemplación. Se alimenta del sol mediante placas fotovoltaicas y del agua recogida en su aljibe, demostrando que la sostenibilidad no está reñida con la belleza.
Gracias a la humedad constante de sus pozos naturales, este lugar se convierte también en un santuario ideal para el cultivo ecológico y la autosuficiencia.
Aquí no hay vecinos, ni ruidos, ni prisas. Solo el rumor de las hojas, la roca viva y el cielo.
Una propiedad única para quienes buscan lo auténtico, lo intacto, lo esencial.




